Un consejo rápido: aplica una pequeña cantidad en el dorso de la mano y déjala actuar un instante antes de aplicar una crema hidratante espesa.
En los días de clima seco o cuando mi piel está sensible, suelo usar cremas hidratantes densas en lugar de lociones ligeras. En particular, a menudo recurro a cremas protectoras o cremas ricas y oleosas porque dejan mi piel con una sensación de confort después de aplicarlas.
Sin embargo, aunque esta crema es buena, hubo días en que su textura se sentía pesada, por lo que si la aplicaba directamente sobre el rostro, se acumulaba en un lado o era difícil de extender. Esto se notaba aún más durante el invierno o en días con bajas temperaturas en el interior.
Antes me lo aplicaba directamente en la cara, pero probé a poner un poco en el dorso de la mano y dejarlo actuar un momento antes de usarlo. Es un paso sencillo, pero me resultó más fácil de aplicar de lo que esperaba, así que se ha convertido en una rutina que sigo de forma natural.
Primero, lávese bien las manos antes de usarlo.
Como el producto se aplica en el dorso de la mano, me aseguro de lavarme bien las manos antes de usarlo. Puede haber más polvo o grasa de lo que uno esperaría, así que suelo lavármelas ligeramente y secarlas antes de usarlo. Dado que el producto entra en contacto directo con el rostro, este paso adicional me da una sensación de mayor limpieza.
En segundo lugar, aplique una pequeña cantidad en el dorso de la mano y déjela actuar durante unos 10 segundos.
En lugar de aplicar la crema hidratante espesa directamente sobre mi rostro, prefiero poner primero la cantidad necesaria en el dorso de mi mano y dejarla actuar durante unos 10 segundos. Aunque es poco tiempo, noté que la textura se suavizaba ligeramente al transferirse el calor de mi mano.
Como se había ablandado un poco más que cuando me lo apliqué por primera vez en la cara, se sentía menos rígido y se extendía con mucha más suavidad.
En tercer lugar, es mucho más fácil de extender sobre la piel.
Cuando lo aplicaba inmediatamente, frío y espeso, tendía a acumularse en un solo punto, o a veces tenía que frotarlo varias veces. Sin embargo, si lo dejaba reposar un momento en el dorso de la mano antes de aplicarlo, se extendía mucho mejor y se aplicaba de forma natural.
Así que primero lo aplico en zonas más amplias, como las mejillas o la frente, y luego aplico ligeramente la cantidad restante en la barbilla o el cuello.
En cuarto lugar, controlar la cantidad también resulta más fácil.
Descubrí que aplicarlo primero en el dorso de la mano me permite comprobar la cantidad, lo que ayuda a reducir la tendencia a usarlo en exceso. Hubo días en que terminé usando más de lo que pretendía al aplicarlo directamente en mi rostro, pero como lo divido en el dorso de la mano antes de aplicarlo, tiendo a usar solo la cantidad que necesito.
También era fácil controlar la cantidad, por ejemplo, aplicando solo una pequeña cantidad por la mañana y una cantidad un poco más generosa por la noche.
Este hábito me resulta sorprendentemente satisfactorio, ¡así que se ha convertido en una rutina que sigo de forma natural cada vez que uso una crema hidratante espesa!
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