Beber mucha agua es fundamental al hacer dieta. Esto se debe a que reduce el hambre, acelera el metabolismo, ayuda a eliminar toxinas, alivia el estreñimiento y favorece la quema de grasa. Incluso hay estudios que demuestran que un cuerpo deshidratado es más propenso a subir de peso.
La Organización Mundial de la Salud recomienda una ingesta diaria de agua de entre 1,5 y 2 litros. Beber mucha agua de golpe puede sobrecargar los riñones y provocar dolores de cabeza, náuseas y mareos, por lo que lo mejor es beber agua poco a poco, cada hora.
Puedes estar seguro de que la afirmación de que beber agua antes, durante o después de las comidas o el ejercicio es perjudicial para la salud no está científicamente comprobada. Consumir 500 ml de agua antes o durante una comida puede reducir la ingesta de calorías. Si bien esto es obvio, también ayuda a perder peso al disminuir el consumo de otras bebidas.
Actualmente, algunas personas sustituyen el agua por agua con gas o bebidas sin calorías, pero aún no se ha determinado con claridad el efecto que tiene el agua con gas en las dietas. De hecho, los expertos suelen recomendar el consumo de agua pura, ya que la carbonatación puede dañar los dientes y agravar síntomas como la hinchazón.